según Ma et al., Cell Reports Medicine, août 2026

¿Por qué es importante prestar atención al VEB y al CMV en el Covid prolongado?
El «Covid prolongado» (CP) sigue siendo una entidad poco conocida, sin marcadores biológicos validados ni tratamientos aprobados. Una hipótesis cada vez más estudiada es que los virus latentes que todos portamos, en particular el VEB (mononucleosis infecciosa) y el CMV (citomegalovirus), podrían reactivarse a raíz de la alteración inmunitaria provocada por la infección aguda por el SARS-CoV-2 y contribuir a los síntomas persistentes.
Este estudio aporta nuevos datos al comparar, en pacientes con COVID prolongado y en pacientes recuperados, el estado funcional de los linfocitos T CD8+ (las células inmunitarias encargadas de destruir las células infectadas) dirigidos específicamente contra estos tres virus.
El mensaje clave: una respuesta inmunitaria que no «se apaga» de forma normal
En condiciones normales, tras una infección aguda, los linfocitos T citotóxicos activados durante la fase aguda se «calman» progresivamente una vez eliminado el virus; esto es lo que se conoce como resolución fisiológica de la respuesta inmunitaria.
En los pacientes con «COVID prolongado», esta resolución parece incompleta: las células T permanecen en un estado activado, citotóxico y «agotado» (una forma de disfunción relacionada con una estimulación crónica), mientras que en los pacientes recuperados, este mismo perfil se atenúa progresivamente con el tiempo. Esta observación se aplica a los tres virus estudiados, aunque con matices importantes según el virus.
Lo que varía según el virus: tres escenarios distintos
SARS-CoV-2: la hipótesis mejor fundamentada: probable persistencia antigénica
Las células T anti-SARS-CoV-2 de los pacientes con LC permanecen activadas y citotóxicas durante más tiempo que en los pacientes recuperados, con un perfil que sugiere una localización tisular (y no solo sanguínea). Esto concuerda con los datos ya publicados que muestran la persistencia de material viral del SARS-CoV-2 en determinados tejidos hasta dos años después de la infección inicial.
Conclusión práctica: la hipótesis de un reservorio viral tisular residual sigue siendo una posibilidad seria para explicar algunos síntomas de la LC, incluso en ausencia de un resultado positivo en la PCR en sangre.
VEB — signos compatibles con una reactivación, pendiente de confirmación
Las células T anti-VEB de los pacientes con CL muestran un perfil más citotóxico y diferenciado de lo que cabría esperar normalmente de un virus latente bien controlado (en el que las células T permanecen en un estado «latente», poco activado). Esto concuerda con estudios anteriores que han descrito niveles más elevados de ADN del VEB y de anticuerpos anti-VEB durante la CL.
Nota práctica: esto refuerza la importancia clínica de buscar signos de reactivación del VEB (pruebas serológicas del VEB con IgG anti-EA o carga viral del VEB, si está disponible) en determinados pacientes con LC, especialmente en caso de fatiga acusada.
CMV: una paradoja que conviene conocer: la reactivación podría tener un efecto protector
Se trata de un resultado sorprendente y relevante para la práctica clínica: a diferencia del VEB, el perfil de las células T anti-CMV en pacientes con LC no muestra signos de sobreestimulación, sino todo lo contrario. Los autores plantean la hipótesis de que una reactivación activa del CMV, a través de una molécula inmunosupresora que el propio virus produce (un mimético de la IL-10 humana), podría ejercer un efecto protector frente a la LC al modular la inflamación crónica.
Nota práctica: este resultado invita a la prudencia; no se debe extrapolar la lógica de «reactivación viral = agravamiento» a todos los virus latentes. El CMV no debería tratarse como el EBV en el razonamiento clínico sobre el LC, y esta línea de investigación ilustra la complejidad de las interacciones entre el huésped y el virus en esta patología.
https://www.cell.com/cell-reports-medicine/fulltext/S2666-3791(26)00363-0